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Antonio Dechent: "Una cosa es ser actor y otra ser famoso"

Hoy da comienzo el Festival de Cine de Málaga que tendrá lugar hasta el 26 de marzo. En él se estrenará 'Señor, dame paciencia', de Álvaro Díaz Lorenzo, en la que participa Antonio Dechent, uno de los actores icónicos del cine andaluz.

 

 

 


Actor. Sevillano de pura cepa. Lleva el don de la interpretación en las venas. Personaje secundario tras las pantallas, protagonista único hoy en un pequeño local del barrio trianero, no podía ser de otra forma. Sus declaraciones desprenden sabiduría y experiencia, pero ante todo, una fascinante y apasionada vocación por su profesión de las que pocos pueden presumir.

 

Eran las 12:15, algo más tarde de la hora prevista cuando el reconocido actor, Antonio Dechent, se presentó en “El Ronquillo”, bar trianero que suele frecuentar. En realidad, es el barrio sevillano de Triana entero el que tiene enamorado al entrevistado. Allí vive con su familia, y siempre que el trabajo se lo permite, le gusta disfrutar de sus ratos libres entre calles y bares. Sin embargo, no era el “El Ronquillo” el lugar donde se desarrollaría la entrevista, sino un pequeño local que Dechent  tiene justo al lado. Se refirió  a él como “desordenado y destartalado”, pero era, sin duda, un sitio de lo más coqueto y acogedor, un pequeño tesoro cultural escondido que sugiere el lugar propicio por su intimidad para que el actor ensaye sus papeles. Cientos de libros se amontonaban en los estantes que cubrían las blancas paredes. Desde revistas de los años 20 con las cupletistas más reconocidas de la época en las portadas, hasta una colorida colección de verdaderas joyas del jazz, cuyos rostros estaban enmarcados.

 

Un sofá y un sillón separados por una baja mesa alargada de salón cuyo cristal guardaba tiernas fotografías familiares. Era el escenario perfecto para dar comienzo a la entrevista. Tras quitarse su elegante chaqueta de cuadros para acomodarse y encenderse un cigarrillo, el actor muy tranquilamente se sentó a la espera de preguntas.

Sin embargo, pese a ser ya una pequeña estrella entre los suyos desde niño, Dechent no tiene conciencia de la interpretación como profesión hasta que se dedicó a ella. No obstante, su interés hacia este mundo viene de muchos años atrás, “yo estudié en los “Padres Blancos” y había un reverendo Padre, Isaac, que fue el que me inoculó el veneno del teatro. Este hombre me subió al escenario con 13 o 14 años y ya no me bajé nunca”.

 

El célebre actor mencionó que antes de zambullirse de lleno en lo que realmente quería ser, estudió Psicología. Confesó que su interés hacia esta rama era nulo, estudiándola posiblemente por reflejo de alguien a quien él admiraba. Quizás fue precisamente  su madera vocacional lo que permitió que el intérprete contara con el completo apoyo de su familia. “Dirían, ‘el niño ha encontrado su camino, no está por las calles’”, agregó entre risas. Nada más acabar de estudiar en el Instituto del Teatro -donde se dio cuenta de que realmente ese mundo era el suyo, descubriendo que había gente igual de loca que él en el sentido teatral del término- entró por la puerta grande. “En junio, rodé una película con Juan Sebastián Bollaín, que se llamaba ‘Las dos orillas’.  En septiembre estaba de protagonista en el Teatro Español, y en noviembre estaba rodando ‘El Lute’”.

 

Adoptando ahora la entrevista un tono más cercano y centrándose en su persona, ante la pregunta de qué aspectos tenía en cuenta a la hora de prepararse un papel e interiorizarlo contestó que dependía del personaje. “Hay papeles que solo leyéndolos ya sabes por donde van, normalmente porque están mal escritos, por lo que no hacía falta interiorizar nada. Hay veces que no merece la pena ponerle más pasión ni buscar mucho en el personaje”. No obstante, cuando le tocan personajes interesantes y bien escritos, depende de la cercanía de estos con respecto a su persona. “Si se acerca mucho a mí tampoco hay muchos problemas. Si se diferencia, tengo que encontrar dentro de mí qué es lo que tiene esa persona, ese asesino o ese canalla, corrupto… o llámalo x, qué es lo que tengo yo de todo eso para poder llegar ahí. Eso a nivel audiovisual, y después a nivel teatral, pues igual. Si es una obra contemporánea de un chaval que cuenta cosas actuales, tampoco hay mucho dónde ahondar, bibliográficamente me refiero. Si estamos hablando de palabras mayores, como pueden ser Shakespeare o Valle-Inclán, ahí sí hago normalmente una labor de zapa, buscando casi todo lo que encuentre sobre ese personaje, sobre esa obra, sobre qué han escrito los eruditos, porque siempre hay algo que te da una clave que no sabías. Pero casi todo está en el guion o en el texto”.

 

Tras tirar las últimas colillas del cigarro en el cenicero que había sobre la mesa, Antonio Dechent se dispuso a encender el siguiente mientras comenzaba a hacer una verdadera apología sobre la pasión del amor, sentimiento que, según él, tuvo que recuperar para poder interpretar “La voz humana”, obra de Jean Cocteau. Era la primera vez que se realizaba este monólogo de la voz de un hombre desde una perspectiva heterosexual.  Un reto que, no cabe duda, acabó en un rotundo éxito, pues el actor consiguió conmover a todo su público. “Tuve que recuperar esos sentimientos de ‘se acaba el mundo’, ‘no me quiere’. De lo hondo tuve que sacar por un lado, miserias, y por otro, ese optimismo y pesimismo a la vez, que te da el estar enamorado”. Añadió también que aunque es un papel que está retirado de los que interpreta normalmente, se sentía cercano a él, pues, en realidad, nadie está alejado del amor. Por otra parte, fue un personaje que lo reconcilió bastante, tanto con él mismo como con la profesión, en el sentido de que fue un trabajo potente y de investigación.

“La voz humana” ha sido uno de los trabajos con los que Dechent ha quedado más contento, pues se ha esforzado en trabajarlo desde la base. De hecho, el actor afirma que son los papeles difíciles de los que se siente más orgulloso, pues son los que suponen un mayor reto. “Hay otros papeles que me han dado, como dirían en el siglo de Oro, “fama y fortuna”, pero a lo mejor no son con los que más satisfecho estoy yo”. El hecho de meterse en la piel del general Queipo de Llano, ha provocado que este trabajo, también de investigación, se encuentre del mismo modo en la lista de sus papeles favoritos. En el ámbito del cine también se queda casi con sus últimos trabajos (pues actualmente acaba de terminar de rodar dos o tres películas), como “A puerta fría”, papel que le ha llenado profesionalmente bastante. 

 

Cuando se le preguntó por el papel que le gustaría interpretar y que aún no le han propuesto, exclamó antes de dar una carcajada que el próximo, no había que ser muy romántico. “Los personajes que me han gustado realizar, yo ni los conocía, estaban en la cabeza de un guionista o de un director. Luego te lo ofrecen y piensas ‘ostras, qué cosa más curiosa y qué buen trabajo se puede hacer con esto’”. No obstante, reconoció que cuando fuera algo mayor le gustaría meterse en el personaje de Don Juan Manuel de Montenegro de Valle-Inclán.

 

Dechent se mostró indeciso a la hora de elegir entre el teatro y el cine, aunque le gustaba la cercanía del público, eso sí. Sin embargo, reconoció también que el cine da una profundidad que en el teatro no es posible. Finalmente, el intérprete admitió que en realidad se sentía cómodo donde hubiera buenas personas, ya sea en cine, teatro o televisión.

 

Sin duda, la televisión es el medio que menos gracia le hace a Dechent, pues en cuanto se le preguntó qué era lo que le faltaba y le sobraba, lanzó una muy contundente crítica. “A la televisión le falta el creer que el espectador es inteligente. Es el gran negocio del siglo, está muy mal cuidada. Creo que no aportan el dinero suficiente para que se hagan productos de calidad. Ni siquiera les interesa mucho cuidarlos porque con lo que tienen ya venden”.

 

Antonio Dechent continuó en su línea crítica cuando afirmó que desde siempre la belleza pesa más que la calidad a la hora de elegir un actor para una obra. Puso de ejemplo a las revistas de los años 20 que colecciona allí mismo, donde se hablaban sobre todo de la bella Coquito, Raquel Meller, cupletistas…lo que ahora serían los famosos de televisión. “Una cosa es ser actor y otra cosa es ser famoso”, ha querido recalcar. “Supongo que prima lo de siempre, la belleza. Hay mucho intrusismo, hay muchos chicos guapos que se dedican a esto porque son guapos y, de pronto, dicen que son actores y actrices. Hay gente a la que le ha ido muy bien, han aprendido y encima son buenos en la profesión, pero la gran mayoría son flor, no te voy a decir de un día, pero sí de un lustro”.

 

La impresión que deja es la de un hombre humilde y, sobre todo, auténtico que se conforma con vivir y disfrutar de lo que hace: interpretar. Son aspectos muy valorables cuando se tiene en cuenta el mundo al que se dedica, donde, como él mismo había afirmado, la persecución de la fama prima por encima de todo.

 

Foto: http://doble-m.com/detalle-actores/antonio-dechent/

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